El ejercicio físico es
parte integral del tratamiento de la diabetes. Además de las ventajas
que a corto plazo aporta su práctica (descenso de la glucemia,
disminución de las necesidades de insulina....) es beneficioso
también a largo plazo sobre el metabolismo lipídico, tensión
arterial y actividad cardiaca, es decir mejora los factores de riesgo
de arteriosclerosis.
Hay que tener en cuenta
que mientras que el ejercicio físico puede ser beneficioso realizado
por pacientes con diabetes tipo 1 bien controlados, en los mal
controlados puede dar lugar a complicaciones como incremento de la
glucemia e incluso aparición de cetosis.
Todos los niños y
adolescentes con diabetes bien controlada deben ser instruidos para
hacer ejercicio regular como parte integral de su tratamiento. Las
recomendaciones deben ser individualizadas, hay que tener en cuenta el
grado de control de la enfermedad, tipo de tratamiento y capacidad de
autocontrol. La tolerancia al ejercicio del niño y adolescente
diabético es semejante a la de los sujetos de su misma edad.